La violencia de las ilusiones

Es difícil establecer la causa del despliegue de la beligerancia por quienes controlan el estado. Esto nos muestra la violencia de las ilusiones.

imagesEconomistas, sociólogos y comunicadores tratan de entender lo que pasa en Venezuela. Y lo hacen muy bien. Este país se convirtió en la vitrina, en el ejemplo de lo que pasa cuando se insiste en lo que no hay que hacer. Tasa de homicidios y de criminalidad, mortalidad infantil, epidemiología, inflación, desnutrición de los niños en edad escolar, desabastecimiento de alimentos y medicinas, migración de los más preparados. Tenemos varios records insólitos. Todo este desperdicio. Toda esta violencia. Toda esta pérdida irrecuperable.

¿Algo nos puede enseñar esto? ¿Al menos para no experimentarlo como una pérdida absoluta que nos absorba cual agujero negro? Constatamos que no tenemos esa distracción poderosa de los políticos de oposición que consiste en reencantar a la población con los tiempos de una Constitución que sólo ellos defienden frente a todos los poderes del estado. Ni la extraterritorialidad de los gobiernos latinoamericanos que se solidarizan sin nombrar las cosas por su nombre y exigen airados el diálogo entre el que blande el garrote y el que está a su merced, dándonos una perspectiva de la profundidad de la canallada de la política actual. Finalmente, tampoco nos queda la opción del goce en la desesperación desnuda de los sectores más empobrecidos, abandonados a su suerte y desilusionados de un proyecto del que efectivamente sacaron beneficios tangibles hasta que su propia inviabilidad lo hizo quebrarse en pedazos mostrando por fin lo que siempre fue: Un simple, burdo, delirante y absurdo despotismo.

¿Cómo podemos servirnos del psicoanálisis en esta circunstancia? Con el uso que hacemos del dispositivo para abrir a los que acuden a él un espacio para hablar y articular algo que de otra manera queda aplastado bajo la marejada de lo traumático hecho cotidiano. Con el uso que hacemos de nuestra institución psicoanalítica como espacio para hacer posible esa posición, espacio que a un tiempo es institucional y de camaradería. Con la proximidad de los colegas con los cuales nos escribimos y que sabemos que han pasado en sus países por circunstancias graves y que están ahí, y que son nuestros referentes.

¿Se trata esto de una guerra? Los pacientes recientemente fallecidos por falta de medicinas dan testimonio de que algo de eso hay. Pero es difícil establecer la causa del despliegue de esta beligerancia por parte de quienes controlan los resortes del estado. Más allá del uso mafioso del poder lo que nos da esto es la evidencia de la violencia de las ilusiones, que estamos tan prestos a olvidar una y otra vez. Del fundamentalismo contemporáneo que hunde sus raíces en modos de goce que han cristalizado y que sólo pueden ser abandonados pagando un alto precio.

Frente a esto el psicoanálisis nos da un nuevo realismo para sostenernos en la alegría de lo que es posible mientras pasa la tormenta.

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