Inconsciente y política

Si hay rechazo de la política, hay rechazo del inconsciente.

Miller nos recuerda esta frase de Lacan: “El inconsciente es la política”

Como hace habitualmente, Lacan no nos dice que el inconsciente es político, ni que es afectado por la política. Delinea una identidad como “la energía es la masa multiplicada por el cuadrado de la velocidad de la luz”

Estas identidades plantean una reversibilidad. El inconsciente es la política, por tanto la política es el inconsciente.

Es un modo de hablar exigente, estas fórmulas no permiten soluciones facilongas, hay que arriesgarse para poder entenderlas, sin que pierdan su filo. No permiten ni que uno se quede sin entender nada, porque sería totalmente inútil, ni que uno las despache con una explicación comprensiva.

Exigen por tanto una aproximación, un salto, una apuesta, es decir, un acto.

Esta identidad hay que ponerla al lado de la identidad de escritura entre el discurso del amo y del inconsciente.

Freud se aproxima a lo que Lacan llama el discurso del amo con la categoría de “masa artificial”, cuyos ejemplos insignes son el Ejército y la Iglesia.

Así podemos ver claramente cómo funciona la política. Es la postulación de una sola idea, una idea fuerza. Dependiendo de la calidad del político persistirá en esa idea independientemente de la interpretación que obtenga de su auditorio, que es quien finalmente organiza el sentido de lo que el político postula. La idea fuerza del político crea al auditorio, pero es el auditorio el que sancionará si esta idea pasa o no y cómo.

Eso se puede ver con claridad con el ejemplo freudiano de la Iglesia. Esta tiene una sola idea, inclusive esa idea tiene un nombre técnico: Kerigma. Todo lo demás sirve de soporte o estorba. En algunos momentos unas cosas sirven como soporte y las mismas estorban en el momento histórico siguiente.

El ejemplo del ejército es más contundente porque la consigna sería el triunfo de la propia causa, por encima de cualquier otra consideración. La consigna postula un dentro y un afuera muy claro, una línea de aliados y enemigos.

Esta idea fuerza es lo que se llama un Significante unario o amo.

En la lucha política se trata de aglutinar alrededor de esta idea para conseguir determinados objetivos. No ya directamente como un ejército, pero como Lenin planteó, invirtiendo la máxima de Clausewitz, la política es la continuación de la guerra por otros medios.

Miller nos habla de una política contemporánea resbalosa como una anguila. Esa metáfora en Venezuela y en el Caribe existe, es la guabina. Un pez de río sumamente resbaloso y difícil de atrapar. Cuando alguien argumenta sin relación a lo razonable o es políticamente escurridizo se le llama “guabinoso”. La metáfora de la anguila incluye por supuesto la capacidad de transmitir choques eléctricos.

Esto nos da una imagen de una política hecha de pequeñas ideas, no de ideas fuerza, más orientada por la mercadotecnia que por la fuerte moral kantiana de la modernidad. Que produce choques y al mismo tiempo es difícil de ubicar y de fijar.

Esta política responde entonces a otra cosa que al discurso del amo. Se ha producido una modificación substancial de este que conlleva a un rechazo de la política, al menos como se entendía en la modernidad.

Si hay rechazo de la política, hay rechazo del inconsciente.

Si la configuración de la política moderna estaba más del lado de las masas artificiales y del discurso del inconsciente, la política contemporánea está configurada por la intrusión de lo que Freud llamó “masas espontáneas” en el ámbito de lo público, y responde a lo que Lacan escribió como discurso del capitalismo contemporáneo.

En este sentido es que se puede decir que la idea fuerza está a un nivel muy diferente que el eslogan publicitario. Mientras que la primera da la intuición de la idea fuerza, el segundo nos acerca a la pequeña idea guabinosa.

naziHaciendo una analogía se podría decir que los totalitarismos y la Segunda Guerra Mundial fueron la fiebre que señaló el contagio a nivel global de esta mutación. Luego de eso y del mayo del 68, la democracia moderna lo ha podido incorporar en alguna medida sin mayores cataclismos, pagando el precio de un despliegue de cinismo sin parangón por todo el tejido social. Pero hay lugares donde esta metástasis enferma y mata. Se opera una muerte de la democracia por abolición de la política.

La masa espontánea deniega de la muerte del padre instituyendo el capricho de un vivo en el centro del orden social. No ya una idea fuerza que cumple la función del tótem, sino un cuerpo caudillezco, fuera de ley, que reorganiza todo el régimen de vida y muerte según la medida de su propia satisfacción pulsional, empujado por la misma masa que se nuclea y se constituye a partir de él.

Es llamativo que esta mortificación de la democracia produzca simultáneamente políticos “vintage”, hombres o mujeres “de una sola palabra” que sostienen la política en medio de la debacle general de los universales.

Sostener los universales en estas condiciones es un trabajo inhumano, por ello los políticos “vintage” son escasos y duran poco. Su capacidad para la ironía es esencial para subsistir y eventualmente triunfar.

El inconsciente tiene la misma estructura de la política de masa artificial, postula un solo significante que insiste. Este se repite y obtiene su significación dependiendo del Otro que se configura en un momento determinado.

Obtiene estabilidad de dos fuentes: La satisfacción que da la repetición y la ignorancia de este funcionamiento, ignorancia que es el trabajo principal del yo.

El encuentro entre este significante, esta idea fuerza, esta consigna política de un sujeto, y un psicoanalista determinará un curso completamente diferente de lo habitual.

Este curso nuevo implica que se aclare su funcionamiento y que pueda uno separarse de su propia consigna, idea fuerza, significante amo. Que se aísle y se reduzca a un punto de orientación, sin que uno siga dispuesto a entregar la vida por ello y además sin darse cuenta por ser inconsciente.

El psicoanálisis postula una superación de la modernidad y de sus ilusiones que no es una exposición obscena del goce de cada uno en el medio del orden social, como sí lo es la solución por la masa espontánea, que ha tomado casi todo el campo de la política contemporánea. Casi todo, pues le sirven de excepción alguno que otro político “vintage”, y por supuesto el síntoma de cada uno.

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