Pelo malo con mama

El pelo malo como síntoma

Marta por no hacerse la tonta ni sabérselas todas, termina por aprender a tomar el síntoma por lo que dice “¿Qué hago con mi pelo malo?”

Este es mi comentario de la película venezolana “Pelo Malo”. Pensé en titularlo “Dar un regalo a quien no lo quiere”, pero la película plantea con su delicadeza y su sencillez muchos problemas interesantes y nos enseña muchas cosas a los psicoanalistas de ésta época. Una época que comanda a “ser-uno-mismo” a “seguir-sus-propios-sueños”. ¿Esto es lo que plantea el problema del deseo? ¿A cuáles callejones sin salida llevan estas consignas en cuanto al problema ético que plantea su goce al ser parlante? El síntoma delinea un camino totalmente diferente.

En el fondo suena el acontecimiento inesperado. En las vacaciones escolares de agosto de 2.011 estaba enfermo el presidente Chávez. Apenas en mayo pasado había suspendido una de sus giras por una inflamación de la rodilla y ya en agosto estaba en quimioterapia luego de ser operado por lo menos dos veces. La amenaza de la posibilidad de su muerte prematura es el soundtrack de esta película. Está además la muerte del padre de Junior hace muy poco tiempo, pues su segundo hijo es un bebé. Cómo murió el padre de Junior, cuál sería el resultado de la enfermedad de Chávez y cuál sería el futuro de ese país que éramos en 2.011, forman parte de una serie de misterios que se extienden por la película invitando a la interpretación, al sentido. ¿Vamos nosotros, débiles como decía Lacan, a sucumbir e interpretar estos misterios o vamos a tener el coraje de dejarnos interpretar por ellos?

Otros muchos misterios menores dan soporte a la película: cómo perdió Marta su amado trabajo de vigilante y por supuesto el asunto de la sexualidad del niño ¿Busca a Mario por sus ojos tan grandes que parecen de mentira, o quiere ponerse su suéter sin mangas y parecerse a él o ambas cosas? ¿Qué fue lo que pasó en carnavales?

Misterios que se contraponen a certidumbres. “Camina rápido que por aquí nadie se puede quedar parado”. “No te levantes bebé, están disparando”. Las fotos no se fían. Las fotos de las niñas son de miss y las de los niños son de teniente coronel. “Por aquí violan”. “Para que te violen tienes que ser bonito”.

Sin embargo, la certidumbre y el misterio central de la trama es que hay algo de Junior que su mamá no soporta. Esto insoportable se cuela en la cotidianidad del vínculo de los dos. Que cante, que se quiera alisar el pelo, por qué tiene que ser tan lento, que baile así. No lo soporta pero no puede dejar de ocuparse de ello.

El personaje de la abuela ofrece un contrapeso al de la madre. Cansada y comprensiva. En ninguna escena está fuera de su casa, a diferencia de Marta que está toda la película de aquí para allá haciendo diligencias para recuperar su trabajo o hablando con el médico sobre Junior. Carmen cree que Marta es ilusa porque quiere recuperar su trabajo, está convencida de que Junior es como es y no va a cambiar. Introduce la sospecha de que el bebé, que según ella todavía no es gente, no sea hijo de su hijo. “Pero si a él no le importaba, a mí menos”, dice. Frente a la contundencia del disgusto de Marta por Junior, del amor por su bebé, de la fuerza de su deseo sexual y de su resolución por recuperar su trabajo de vigilante, Carmen nos aparece como una desengañada.

Se las sabe todas y de tal manera que tienta a Marta para que le venda a su hijo con el que tiene problemas. Ésta deja entrever que el destino mortífero de su marido se repetiría en su hijo. A lo que la otra responde muy tranquila que no, que a él no le gustan las armas sino verse bonito. En una dialéctica en la que no hay tiempo para afeites, entre mujeres que viven una vida muy dura y donde los hombres viven poco, uno pesca algo de uno de los misterios de la película. Carmen debe haber aceptado el gusto por las armas de su hijo como acepta que a su nieto le guste verse bonito. Los acepta tal y como son. ¿No es eso lo que hay que hacer para ser felices según se nos repite hasta el cansancio en la actualidad? ¿No es eso lo que se nos comanda a hacer con nosotros mismos y con los que están a nuestro cuidado? No ya el viejo “cuida de ti”, sino un nuevo “acéptate tal cual eres”.

Los que se las saben todas, no dan pie con bolas. Es como dice Juan Luis Delmont que hay que entender Les non-dupes errent, cuya traducción nos llega como “Los desengañados se engañan”.

Si lo vemos como una tragedia, Marta es la heroína y Carmen es el coro. Si lo vemos como una historia de santos, Carmen es la tentación y Junior es el alma en disputa. Pero el alma debe querer salvarse y tener la libertad para hacerlo. En la lengua de nuestra parroquia si Carmen tiene un saber sobre el goce y Junior es un síntoma, hay que preguntarse ahí donde preguntarse no es ocioso.

Entonces hay que preguntarse por el deseo de Marta, por ese deseo que está escondido detrás de lo que pulsa por hacerse mirar en Junior. Dado que él se equivoca y ofrece a su mamá lo que quiere la abuela, que es cuidarla hasta que sea viejita, el misterio de Marta se esclarece primero como una negatividad. Constituye el negativo del deseo de su suegra. Tal vez por esto el padre de Junior sí la amaba.

Cuando van al médico, Junior le pide que examine eso que su mamá llama su cola. Algo en su cuerpo está en exceso. Antes de esto está orinando sentado. La preocupación de Marta es una obsesión que busca mirar cada rasgo, cada movimiento. Su preocupación es realmente una pulsión escópica desencadenada. El médico acostumbrado a no mirar nada, porque la consulta está repleta, lo ve “muy bien”. Pero la madre se quiere asegurar y le pregunta: “¿está seguro de que no tiene nada?”. Mientras más ella lo mire más rarezas le va a encontrar, y más rarezas va a producir él para esa mirada, hasta el paroxismo de la escena de las sillas, donde le exige que lo mire porque “aquí todos miran”.

En la conversación entre Carmen y Marta salió a relucir lo del carnaval. De nuevo nadie cuenta bien de qué se trató el asunto, pero como por una anamorfosis la directora nos lo muestra cuando él se sale con la suya y se peina para tomarse la foto. Le silban mientras camina, se burlan de él. Su amiguita se lo había dicho “¿y si te pasa lo mismo que en carnaval?”

Conforme avanza la película las cosas se van decantando y se habla más claro. Marta piensa que su hijo es raro, que es marico. Piensa que es culpa de ella misma por la posición que ocupa el niño en su deseo y sufre porque piensa que ser así lo va a hacer sufrir. Frente a esto la posición del médico de hacerse el tonto para no hacerse cargo de la transferencia de Marta es paradigmática. Exactamente lo que hizo Breuer. El problema es que ha aparecido un imposible de soportar en el vínculo familiar. Que ese vínculo social está en crisis.

pelo malo con abuelaLo que se le devuelve a Junior al verse frente al espejo con el traje de cantante que le hizo la abuela es el horror de mirar su destino trazado. Desde ahí se precipita la trama, pues si esto va a encontrar una resolución será entre Marta y Junior. Sin Carmen y sin el médico.

Y ciertamente sin la supuesta figura paterna, pues Marta no se acuesta con el jefe para proveérsela a menos que sea en la medida en la que ella se está garantizando el cumplimiento de su propio deseo de recuperar su trabajo. En la cena ella acaba de decir que tiene que dar el ejemplo, para que ellos puedan aprender. Entonces este acto exhibicionista, que contrasta netamente con la otra escena de sexo de la película, debe tener una función pedagógica para el niño. Ella está enseñando con su ejemplo. ¿Pero enseñándole qué?

No todo entra. Eso es lo que ella puede darle. Es el regalo que ella quiere darle y el que ella quiere de él. No es la aceptación de sí como decimos en nuestra época postmoderna, ni el cuidado de sí como decían los antiguos. Es el cuidado de sí, como enseña el psicoanálisis. Que se establezca una distancia prudente con los propios deseos y con el propio goce.

Marta por no hacerse la tonta como el médico, ni sabérselas todas como la suegra, termina por aprender a tomar el síntoma por lo que dice “¿Qué hago con mi pelo malo?” ¿Qué hago con esto malo que hay en mí? Hay algo malo, algo raro en cada uno. Hay que calcular bien qué se puede hacer con eso para no ponerse en peligro, en nombre de un ideal de ser como uno mismo supuestamente es, en medio de un mundo peligroso y desregulado.

El amanecer de lo singular que despunta en cada análisis, en cada poema, en cada acto resolutorio en la vida de alguien, tiene que sortear las tentaciones que pone el coro de la época. Su delgado camino está flanqueado por un lado por la caída abrupta en la mediocridad del ser-como-se-es y por el otro por la llanura de los ideales sonsos de la autosugestión. Por la caída en el ser-como-se-es el hablante podría encontrarse con una masa de los identificados con su ser de goce y terminar envuelto en las exigencias mortíferas del fundamentalismo. Por la llanura de la autosugestión se extraviará borrándose paulatinamente de su propia historia mediante un funcionamiento adaptado y maquinal.

Pelo malo con mamaTal vez por esto es que Freud dice que el resultado de un análisis no es el acceso a la satisfacción pulsional, sino sustituir el resultado de la represión por un juicio resolutorio. Elegir el camino del síntoma es elegirlo en tanto síntoma. Una satisfacción problemática. Así quedan Marta y Junior juntos, formando una pareja que no se ama, al menos no de cualquier manera.

 

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