El tóxico padre y la respuesta freudiana

Ya para 1948 “Un mundo feliz”, publicada dieciséis años antes, era un acontecimiento literario. No es de extrañar que George Orwell le hiciera llegar a su autor, Aldous Huxley, un ejemplar de su recién publicada novela “1984”. Aquel le respondió con una carta con el germen de una discusión que reviste cierto interés para nosotros, dadas las analogías que se hacen a diestra y siniestra entre dichas novelas y nuestra actualidad.

La tesis fuerte de la carta es que el primer filósofo de la revolución definitiva es Sade y que Orwell ha llevado la teoría sadiana a su conclusión lógica. Este estado de cosas es imposible de sostener en el tiempo según Huxley, porque sería más práctico para la oligarquía dominante seducir a las masas mediante el placer y condicionarlos a amar la vida que llevan. La tesis encontrará un eco en “Nueva visita a un mundo feliz”, de 1958, en cuyo primer ensayo, y luego de repetir que le parece brillante la novela de Orwell, Huxley vuelve a plantear que aquel se habría equivocado en sus anticipaciones y que el mundo del futuro se parecerá más a lo descrito en “Un mundo feliz”.

Para nosotros, lectores del Freud de “Más allá del principio del placer” y del Lacan que articula la noción de goce, no es nada sorprendente que un determinado estado social consiga preservarse produciendo masivamente un tipo de satisfacción que nada tiene que ver con la noción de utilidad o de bienestar, sino con el desperdicio del tiempo vital de los hablantes y un permanente y agudo aumento del sufrimiento.

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